domingo, 28 de diciembre de 2008

Lovecraft y Poe

Querido John

Me alegra que hayas escogido la proverbial soberbia norteamericana para continuar con nuestras conversaciones. Para poner la de arena a tu cal, quería citar a dos escritores del nuevo mundo: Edgar Alan Poe y Howard Phillips Lovecraft, que armonizan perfectamente con estas fechas navideñas -si se entienden como Tim Burton lo hace, claro-. Los dos, con suerte funesta en vida, sólo fueron apreciados en toda su grandeza una vez muertos.

Del primero, del maestro, los versos iniciales de "El cuervo" (1845):

Una oscura medianoche, mientras débil y cansado,
en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es —dije musitando— un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”


Qué hermoso pasatiempo para un oscuro y frío diciembre, meditar sobre libros de sabiduría oculta...

Del segundo, el alumno aventajado, más libros polvorientos de oscuros saberes y seres que se ocultan a la vista. De "Hongos de Yuggoth" (1929):

I. El libro

El lugar era oscuro y polvoriento, un rincón perdido
En un laberinto de viejas callejuelas junto a los muelles,
Que olían a cosas extrañas traídas de ultramar,
Entre curiosos jirones de niebla que el viento del Oeste dispersaba.
Unos cristales romboidales, velados por el humo y la escarcha,
Dejaban apenas ver los montones de libros, como árboles retorcidos
Pudriéndose del suelo al techo... ventisqueros
De un saber antiguo que se desmoronaba a precio de saldo.

Entré, hechizado, y de un montón cubierto de telarañas
Cogí el volumen más a mano y lo hojeé al azar,
Temblando al leer raras palabras que parecían guardar
Algún secreto, monstruoso para quien lo descubriera.
Después, buscando algún viejo vendedor taimado,
Sólo encontré el eco de una risa.


Habrá que tener cuidado estas Navidades con los regalos inesperados, ya que pueden contener más sorpresas de las aparentes.

Siempre tuya
Astrid Nevermore

viernes, 26 de diciembre de 2008

Canadá Vs. USA

He aquí una muestra (real, escalofriante) de lo absolutamente idiotas que podemos llegar a ser como especie dominante de la Tierra. El diálogo, entablado en 1985 entre un buque de la Armada de los Estados Unidos y autoridades costeras canadienses de Terranova, fue reproducido por el diario británico The Times el 3 de septiembre de 1986, y fue como sigue:

NORTEAMERICANOS: Por favor, cambien su curso 15 grados al norte a fin de evitar colisión.

CANADIENSES: Recomendamos que usted cambien su curso 15 grados al sur a fin de evitar la colisión.

NORTEAMERICANOS: Les habla el capitán de un buque de la Armada de Estados Unidos. Repito: cambien su curso.

CANADIENSES: No, repetimos: ustedes deben cambiar su curso.

NORTEAMERICANOS: Éste es el portaaviones Abraham Lincoln. El segundo buque en tamaño de los Estados Unidos de América en el Atlántico. Nos acompañan tres destructores, tres cruceros y numerosos buques de apoyo. Exijo que usted cambie su curso 15 grados al norte, o tomaremos medidas para garantizar la seguridad de este buque.

CANADIENSES: Esto es un faro. Ustedes deciden.

Lo dicho. Vivir para ver.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Indiana Jones: el nombre de la Aventura, en mayúscula enfática.

Mayo de 1977. Según cuenta la leyenda, dos hombres se reúnen en una playa de Hawai para alejarse del mundanal ruido mientras hablan de lo divino, lo mundano y, sobre todo, de cine. El primero, de 33 años y nombre George Lucas, empezaba a degustar las mieles del éxito gracias a su “Star Wars”. El segundo, de 31 años y nombre Steven Spielberg, había reventado la taquilla veraniega dos años antes con “Tiburón”, su segundo largo, y en aquel momento revalidaba su título de director taquillero con el estreno de “Encuentros en la Tercera Fase”. De aquella reunión más o menos informal surgiría un proyecto común que estaba llamado a revolucionar el cine de aventuras de los últimos treinta años: la saga de Indiana Jones.




A finales de 1979, Spielberg y Lucas habían firmado un acuerdo con la Paramount que incluía cuatro millones de dólares para Lucas como productor y creador, un millón para Sipelberg como director y un porcentaje de la taquilla para ambos desde el momento en que empezase a haber ingresos. Cuando Michael Eisner, director de la Paramount, decidió aceptar la propuesta, hubo quien afirmó que el cambio sería tan decisivo para la industria cinematográfica como lo fue el paso del mudo al sonoro. El tiempo no hizo si no darles la razón a esas voces. Para rentabilizar el acuerdo, Paramount exigió poder contar con una trilogía de películas. El resto, como suele decirse, es historia.