Mayo de 1977. Según cuenta la leyenda, dos hombres se reúnen en una playa de Hawai para alejarse del mundanal ruido mientras hablan de lo divino, lo mundano y, sobre todo, de cine. El primero, de 33 años y nombre George Lucas, empezaba a degustar las mieles del éxito gracias a su “Star Wars”. El segundo, de 31 años y nombre Steven Spielberg, había reventado la taquilla veraniega dos años antes con “Tiburón”, su segundo largo, y en aquel momento revalidaba su título de director taquillero con el estreno de “Encuentros en la Tercera Fase”. De aquella reunión más o menos informal surgiría un proyecto común que estaba llamado a revolucionar el cine de aventuras de los últimos treinta años: la saga de Indiana Jones.


A finales de 1979, Spielberg y Lucas habían firmado un acuerdo con la Paramount que incluía cuatro millones de dólares para Lucas como productor y creador, un millón para Sipelberg como director y un porcentaje de la taquilla para ambos desde el momento en que empezase a haber ingresos. Cuando Michael Eisner, director de la Paramount, decidió aceptar la propuesta, hubo quien afirmó que el cambio sería tan decisivo para la industria cinematográfica como lo fue el paso del mudo al sonoro. El tiempo no hizo si no darles la razón a esas voces. Para rentabilizar el acuerdo, Paramount exigió poder contar con una trilogía de películas. El resto, como suele decirse, es historia.
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