Tu comentario anterior me ha dado qué pensar, Chocotesa. No me había dado cuenta de lo que dices, pero visto ahora, con perspectiva, admito que no te falta parte de razón. No es tanto que esté en plan revival de viejas amistades, como el hecho de que llevo un tiempo enfrentándome a la realidad: esas amistades ya no existen. Al menos, no en mi caso. No hablo de amistades virtuales, o a distancia, si no de las amistades de toda la vida, presenciales y de contacto pleno, que se puede decir. El tiempo, la vida, y sobre todo el desgaste al que irrevocablemente lleva el egoísmo (propio y ajeno, supongo, aunque me conozco y sé que en mi caso ha sido más el ajeno que el propio) han dado al traste con todas ellas. Mi tendencia a llamar a las cosas por su nombre, unida al hecho de que soy demasiado orgulloso como para plegar cuando la convivencia así lo requiere (plegar es básico en toda relación, antes o después) han hecho el resto. Miro al futuro y veo un horizonte de lo más solitario y polvoriento, consciente de que por más que luche y resista, al final estoy condenado a perder la partida. Pero no puedo hacer otra cosa. Igual que un jefe indio comandando a su tribu contra el hombre blanco. Jodido sin remedio, pero todavía altivo.

Supongo que por eso me remito tanto al pasado. Aunque quizá no sea solo por eso. Quizá sea también que empiezo a darme cuenta de que todos mis mejores tiempos ocurrieron hace ya años; que todo lo que más me gusta forma parte del pasado, y ya no surge nada nuevo capaz de emocionarme, divertirme o impresionarme (gratamente o no) tanto como lo hizo todo aquello antaño. John McClane se ha quedado calvo, Indiana Jones es un vejete lamentable, los coches no solo no vuelan como en Blade Runner si no que además se van a quedar sin petróleo en menos de 50 años, el amor es solo una cuestión de hormonas y glándulas envuelta en celofán del Corte Inglés, he llegado a los 30 sin convertirme en una estrella de la música o la TV, cada vez me salen más canas en la barba y, joder, creo que todo eso me cabrea.
Soy consciente de que, con toda probabilidad, el problema está en mí. He cambiado. Ahora soy mucho más perro, más malo y estoy mucho más resabiado con todo y todos. Si antes me parecía intuir que la vida no tiene más sentido que el que uno sea capaz de darle, ahora no sólo tengo la certeza de que es así, si no que además me parece vislumbrar al final del camino que, una vez uno alcanza ese sentido, se da cuenta de que andaba de lo más equivocado y ha perdido el tiempo miserablemente. Alguien dijo una vez que la vida es todo lo que nos pasa mientras hacemos planes, pero no dijo qué se supone que debemos hacer cuando ya no nos quedan planes y nos movemos a la deriva. Cuando solo nos queda la nostalgia. Con semejante panorama, no me extraña que haya quien prefiera hacer de su vida un cuento, para que así al menos su final sea realmente memorable. Y la canción es bonita de cojones, hablando de todo un poco.
